LAS REDES SOCIALES Y LA NECESIDAD DE CONSTRUIR UNA CIUDADANIA
DIGITAL.
Nos
encontramos en una nueva matriz cultural en la cual las nuevas tecnologías
están dejando su impronta en las relaciones humanas. La irrupción de las
tecnologías digitales ha contribuido a la formación de importantes redes
sociales en Internet, verdaderas comunidades virtuales que permiten
a diversos individuos y grupos relacionarse e interactuar socialmente
dentro de un sistema común. Al decir de Roberto Balaguer:
“las redes sociales acercan a los lejanos y alejan a los cercanos”.
En el intento de comprender,
descubrir y desentrañar el funcionamiento de las redes sociales en nuestra
realidad latinoamericana, debemos reconocer que no responden a una definición
unívoca, sino que construyen su significado en una pluralidad de sentidos.
Según la Real Academia
Española: Una red es un conjunto o trabazón de cosas que obran a favor o en
contra de un fin o intento común. Para Osvaldo Saidon, la red es una estrategia
que habilita a relacionar las producciones sociales y la subjetividad que en
ellas se despliega. Algunos autores las consideran como una forma
particular de funcionamiento de lo social; otros, las encuadran como estrategias
que guían acciones comunitarias e intervenciones sobre grupos vulnerables.
Hoy en día, se hace cada vez
más necesario partir del reconocimiento de la heterogeneidad de las
instituciones, de los entornos y de las personas, con lo cual ya no podemos
pensar en tener respuestas exitosas frente a mecanismos de convocatoria y
participación masivos –homogéneos-, sino que tenemos que pensar en las
particularidades, en las habilidades y saberes específicos de las personas, de
los grupos y de las instituciones.
El principio de la cercanía
en que se basan las redes, genera externalidades positivas sobre el territorio
en que ellas se emplazan, tanto en el plano económico (reducción de los costos
de transacción), como político (gobernabilidad de los clusters), y socio-cultural
(creación de confianza entre actores y fortalecimiento de identidades
regionales).
La escuela está atravesada
por la red social y nocional: creencias, prejuicios, expectativas sobre roles,
etc. La escuela es un entramado de relaciones sociales materiales que
organizan la experiencia cotidiana y personal del alumno.
Las redes sociales
son un referente de comunicación y socialización entre los jóvenes.
Nuestro deber como docentes es conocer estas redes sociales y educar a nuestro alumnado
en un uso adecuado y seguro. En el interior de estas redes se establecen
relaciones más fluidas, que permiten la circulación de la información y de los
recursos; por lo tanto, a cuantas más redes pertenezca una persona o cuantas
más redes tenga una institución, más rica en recursos, en información y en
procesos comunicacionales será.
Una de las consecuencias más
importantes que tienen las relaciones sociales o redes que los individuos
establecen, es la información que por ellas circula. Su importancia radica en
que provee bases que facilitan la acción. Uno de los aspectos que más se
destaca en la literatura, es la posibilidad de movilidad social que brinda el
pertenecer a un sistema de vínculos, entre ellas, la posibilidad de acceso al
mercado de trabajo.
Un estudio realizado por
investigadores de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Montevideo
(UM) analizó el impacto de las redes sociales y, en particular, de Facebook
entre los uruguayos de 18 a 24 años. Un 78% de los jóvenes uruguayos tiene
problemas para controlar el tiempo que destinan al uso de redes sociales, y un
76% admite que el uso de estas tecnologías forma parte de su rutina
diaria.
La dinámica de relaciones de
la red favorece al bienestar de las personas. También es cierto que sus
debilidades, disfuncionalidades y desaciertos constituyen factores de alarma
para la salud física y mental de los actores en red, así como para el
colectivo. Ello demanda la comprensión del fenómeno social desde diversas
ópticas cuyo carácter integrador y multidimensional sean la base de análisis
pues mediante el estudio de la red se atienden eventos relacionados con el
desarrollo, bienestar y funcionamiento de los individuos.
Es
necesario que la educación se haga cargo de una formación crítica para filtrar
la información que circula en esos nuevos espacios y permitir una mejor
construcción del conocimiento. La escuela no puede quedar afuera de este
movimiento cultural que ha afectado la comunicación entre las personas tan
rápida e intensamente. El ámbito educativo debería actuar como una ventana
abierta al mundo al que se van a enfrentar los alumnos, por eso debe incluir en
las prácticas el desarrollo de habilidades con nuevas tecnologías para el uso
crítico y responsable.
Hay mucho
por aprender de las redes sociales y su utilidad en la enseñanza como el
trabajo colaborativo y cooperativo, la filtración y selección social de la
información, el intercambio y el debate de ideas, la evaluación crítica por
pares de las fuentes de información, la consulta a especialistas, entre otras.
Estas habilidades en las redes sociales es importante desarrollarlas para la
formación de ciudadanos críticos en este mundo en el cual ya no existe frontera
entre lo real y lo virtual.
Las redes proponen un modo
de articulación metacéntrica, que permite amplios grados de autonomía de sus
partes, tolera la fragmentación, busca organizar la heterogeneidad, articulando
en “lazos” la diversidad. La unidad de análisis y acción de una red es la
“unidad de vínculo”, en un comportamiento solidario. La canalización de
emociones y sentimientos es uno de los aspectos resaltables de las redes, en
ellas se presentan procesos de comunicación directa que permiten la generación
de confianza y la transmisión de apego, amor y sentimientos así como la
facilitación de intercambios instrumentales necesarios para la supervivencia
como la ayuda en materia de bienes, servicios y de elementos que permitan un
mejor nivel de satisfacción vital.
La investigación social
aplicada ha mostrado evidencias incontrovertibles acerca de la importancia de
las redes en las condiciones de bienestar, salud y calidad de vida de los
individuos. Los estudios demuestran que una red social sensible, estable,
funcional y activa genera mejores condiciones de satisfacción que repercuten
positivamente sobre la calidad de vida, por ello, se afirma que la red posee
carácter salutogénico.
La red social no anula la
actividad individual ni suprime el protagonismo de las personas en la
construcción de independencia para la definición de sus propios rumbos, sino
que potencializa las habilidades de quienes la conforman para la toma de
decisiones estructuradas que redunden en el bienestar y la estabilidad
personal, contando con la base de recursos movilizados por los contactos y la
cercanía ofrecidos por la red.
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